Factores determinantes del rendimiento

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Written by: Super User
Creado: 01 Octubre 2015
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Factores Rendimiento Presentacion

El rendimiento del atleta de resistencia requiere la integración de muchos factores, algunos de ellos genéticos, algunos que pueden entrenarse, otros susceptibles de ser aprendidos, y otros incluso fuera del control de corredor y entrenador. Además de lo individual influyen también elementos sociológicos, y en el momento de la competición es especialmente importante lograr una óptima integración de lo técnico, lo táctico, lo fisiológico y lo psicológico (Smith 2003).

FACTORES DETERMINANTES DEL RENDIMIENTO

 

En otros términos, se requiere de un nivel de rendimiento inicial alto y especialmente de un ritmo de mejora alto (lo cual viene marcado a su vez por genética y entrenamiento), siempre acompañados de una psicología óptima, para entrenar y competir adecuadamente.

De cara al entrenamiento, la bibliografía señala habitualmente a los factores fisiológicos, y en ellos integraremos los biomecánicos. Parece comúnmente aceptado indicar los siguientes factores (con pequeñas variaciones en la terminología) (Brandon 1995, O’Toole y Douglas 1995, Jones y Carter 2000, Hausswirth y Lehénaff 2001):

-POTENCIA AERÓBICA y VO2MAX

-CAPACIDAD AERÓBICA:

 UMBRAL ANAERÓBICO o habilidad para MANTENER UN % DE VO2MAX

-ECONOMÍA o EFICIENCIA ENERGÉTICA

-CAPACIDAD Y POTENCIA ANAERÓBICA (*)

(*) de carácter glucolítico. En las pruebas de larga duración no se considera un limitante.

Aunque el concepto de VO2max está próximo al de “potencia” (pues el VO2 se expresa por unidad de tiempo), la “Potencia Aeróbica” es en el caso de las carreras de fondo una “velocidad”, y como se explicará depende también de la economía de carrera. Por ello estos factores se expresan con mayor claridad en la figura 1.2.1. En dicha figura, la Capacidad Aeróbica Máxima (CAM), entendida como la “capacidad de mantenerse largo tiempo en la via energética aeróbica”, se refiere al umbral anaeróbico, entendiéndose éste como más representativo de ese concepto de cara al rendimiento en pruebas de no muy larga duración.

Pero si hablamos con propiedad, la “Capacidad Aeróbica Máxima” no existe, o en todo caso duraría toda la vida de una persona, si nos ceñimos al concepto de “tiempo en una vía energética”, ya que la vía aeróbica siempre está presente (Péronnet et al 2001)

Se entiende que dichos factores interaccionan entre ellos, de modo que ciertas carencias en uno pueden compensarse con un destacado nivel en otro/s (Brandon et al 1995). Variables como la velocidad mínima que solicita el VO2max (conocida más habitualmente como VAM o vVO2max) se concibe como un compendio de VO2max y economía de carrera, por ejemplo (Noakes 2003, Daniels y Daniels 1992).

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VO2max

 

El interés por los determinantes fisiológicos del rendimiento atlético proviene de principios de siglo XX (Noakes 1988). Los primeros estudios se centraron en la valoración del máximo consumo de oxígeno (VO2max). Su determinación pudo hacerse ya gracias al empeño de Hill y colaboradores entre 1922 y 1925, con los llamados sacos de Douglas. En 1929, Knipping había desarrollado la ergoespirometría, que permitía un registro continuo de la respiración y el  metabolismo gaseoso. Sin embargo, estos sistemas cerrados de espirometría no lograron medir valores elevados de VO2 hasta 1954 gracias al grupo de Hollman (Hollman 2001).

Éste se definió como la capacidad del organismo de absorber, transportar y consumir oxígeno por unidad de tiempo (Astrand y Rodahl, 1986). Este VO2max se determina habitualmente en pruebas incrementales hasta la extenuación, a partir de diversos criterios, especialmente el de meseta en el VO2 pese al incremento de la carga de trabajo (Mc Ardle et al 2004).

Originariamente se realizaba en tandas constantes, que en definitiva muestran una situación más real, al tener que mantener por más tiempo esa intensidad, no solo unos segundos. El VO2max se expresa en valor absoluto (unidad de capacidad por tiempo: LVmin-1) o relativo (dividido por el peso corporal: mlVkg-1Vmin-1). Los primeros estudios ya mostraron que los valores más altos de VO2max relativo eran los de los mejores deportistas de resistencia (Ästrand 1955, Robinson et al 1937, Herbst 1928). Los niveles de corredores de élite de resistencia pueden entre duplicar y casi cuadruplicar a los de personas con muy bajo nivel de condición física. Así, los valores habituales en hombres mediofondistas oscilan entre 70 y 85 mlVkg-1Vmin-1. En mujeres por lo general los niveles rondan un 10-14% (60-75 mlVkg-1Vmin-1) menos que en los hombres (Daniels y Daniels 1992, Péronnet y Thibault 1989).

Sin embargo, en población con bajo nivel de condición aeróbica los niveles oscilan entre 40 y 20 mlVkg-1Vmin- 1. En esos niveles bajos o en niveles medios es el factor que mejor define el desarrollo cardiorrespiratorio, e incluso con poco entrenamiento se puede mejorar con relativa facilidad. Y pequeñas mejoras comportan ya grandes mejoras en la funcionalidad cardiorrespiratoria (Franklin 2000). Por todo ello el VO2max es también conocido como “capacidad funcional” de una persona. Para Jones (2006), aunque otros trabajos clásicos no lo corroboran, lo habitual es que los corredores/as de 3000-5000 tengan los valores máximos, al competir a intensidades más cercanas al VO2max.

Estudios de hace años indicaron que esta variable sería también el más importante para el rendimiento en resistencia (Foster 1983, Foster et al 1977, Costill et al 1973, Wyndham et al 1969, Saltin y Astrand 1967, Costill 1967). Pero hay que tener en cuenta que a partir de esos niveles de entrenamiento continuado este parámetro apenas se mejora (ver apartado 1.7) pese a mejorar el rendimiento, y que por tanto, otros elementos pueden ser más importantes. Por eso hoy en día se matiza que más bien este parámetro puede excluir de la posibilidad de alcanzar un nivel de elite si no se poseen unos mínimos, no siendo a partir de ahí sino uno más de los determinantes del éxito, especialmente en algunas pruebas (ver apartado de la intensidad fisiológica de las pruebas).

Estos límites mínimos no están definidos con precisión, pero se presume que rondan los 70 mlVkg- 1Vmin-1 en hombres. Es clásica, por ejemplo, la comparativa entre los dos corredores norteamericanos más famosos de los años setenta: Steve Prefontaine y Frank Shorter. Pese a obtener similares marcas, Prefontaine registró valores que todavía hoy están entre los más altos registrados en la historia (85 mlVkg-1Vmin-1), mientras que por el contrario los 71 mlVkg-1Vmin-1 de Shorter (que sin embargo fue campeón olímpico), se hallan entre los más bajos registrados en corredores de elite) (Noakes 1992, Pollock 1977).

Lo que sí puede mejorarse por más tiempo es la velocidad a la que se desarrolla dicha potencia, es decir, que “corren más rápido con el mismo valor”. Esta velocidad es de las mejores variables para predecir el rendimiento en una carrera de fondo (Daniels y Daniels 1992, Noakes et al 1990, Scrimgeour et al 1986). Pero por tanto esta variable se relaciona ya con los otros dos determinantes aeróbicos (economía y umbral anaeróbico).

Umbral Anaeróbico

 

Englobamos bajo ese término el concepto general de una intensidad fisiológica submáxima crítica a nivel metabólico, que según la metodología empleada recibe diversos nombres y localizaciones. Las primeras referencias de este concepto datan de Hollmann y Hettinger en 1959. En 1954 se inició el camino tratando de medir el piruvato, pero las dificultades hicieron que pronto se pasase al lactato. Su medición no anduvo exenta de dificultades, pues se tardaba 3 horas en obtener un resultado, aunque podían tomar 8 muestras simultáneas (Hollman 2001). Debido a ello se empezó a investigar su conexión con mediciones de potasio y el comportamiento de la ventilación (VE) y el equivalente de oxígeno VE/VO2.

Ya en 1964 y 1973, Wasserman y colaboradores emplearon el término “umbral anaeróbico”, y los primeros criterios para determinar los umbrales ventilatorios (VT1 y VT2). Desde 1963 se intentó medir el lactato en sangre capilar, evitando punciones en arteria, como se hacía hasta entonces en la arterial braquial, con riesgos de hematoma periarterial y oclusión arterial por no poder usar plástico (Hollman 2001). En 1976 Mader destacó el valor de 4 mMolVL-1 como medida aproximada para deportistas de resistencia. En 1979 Kindermann y colaboradores hablan de un “primer umbral” del lactato con el criterio de “primer incremento del lactato desde el reposo”, que Mader, y otros muy posteriormente, situarán alrededor de los 2 mMolVL-1.

En 1981 Stegmann y colaboradores hablan del “Umbral Anaeróbico Individual”. Tras numerosas propuestas de determinación desde las iniciales de Margaria en 1960 hasta la actualidad, aparece el concepto de máximo estado estable del lactato (siglas en inglés MLSS o MaxLASS) (Billat et al 2003) y desde entonces hasta hoy día se han matizado éstos y otros métodos (Visual, deflexión de la frecuencia cardiaca (Conconi et al 1982, Conconi et al 1980), Dmax (Cheng et al 1992), pH, saliva, catecolaminas, amonio (Yuan et al 2002), incremento del ritmo respiratorio (Carey et al 2005) percepción, electromiografía...)

Todo ello para establecer intensidades submáximas sin usar el lactato o mediciones espirométricas. Se ha indicado que el VT2 es una intensidad ligeramente superior al MLSS (un 10% mayor de VO2max), pese a estar relacionados en una misma población entrenada (Dekerle et al 2003). También en ocasiones la deflexión de la FC sobreestima el umbral anaeróbico por otros métodos, aunque requiere más estudio (Bodner y Rhodes 2000).

Por ello y por su determinación parece que el concepto global de MLSS es más prudente y mejor controlable en el entrenamiento. El MLSS se logra, por definición, cuando la concentración final de lactato ha variado menos de 1 mMolVL-1 durante los últimos 20 minutos (min) de una intensidad constante (Heck et al 1985). Diversos autores sugieren repeticiones incluso más largas y con descansos más largos que la duración de la repetición (Billat et al 2003). Incluso se ha razonado que ésta supone la máxima velocidad en la que se puede medir un VO2 constante, sin componente lento (Billat et al 2003), si bien esto puede ser discutible analizando el concepto y las causas del componente lento y el nivel de entrenamiento de la persona en cuestión.

La concentración de lactato para ello puede ser muy variable, de 2 a 7 mMolVL-1 (Billat et al 2003). Ésta depende del ejercicio realizado, de modo que a menos masa muscular mayor concentración (Beneke et al 1995), y aunque se presume que disminuye con el entrenamiento (Billat et al 2003) no se relaciona con el rendimiento (Myburgh et al 2001, Beneke et al 2000).

Lo mismo ocurre cuando lo que podemos englobar como “umbral anaeróbico” se representa por el porcentaje de VO2max al que ocurre (Maldonado-Martín et al 2004), pues realmente es la velocidad de ese parámetro, en la metodología que se emplee, la que puede correlacionarse con el rendimiento. En esos casos corredores fondistas con elevadas prestaciones a umbral anaeróbico pueden alcanzar rendimientos superiores a los que poseen mejor VO2 max pero peores prestaciones a umbral anaeróbico (Hagerman 1992, Farrell et al 1979,). La velocidad del MLSS supone una tasa de intercambio respiratorio de 1.00 (Beneke et al 2000) y se cree que puede mantenerse hasta alrededor de los 60 min en deportistas con alto grado de entrenamiento (Beneke et al 2006, Billat 1996, Gleser y Vogel 1973). En el punto 1.3 se amplía la información en relación al rendimiento y su valoración.

Otro concepto interesante es el de “máximo % del VO2max que puede mantenerse durante un determinado tiempo de esfuerzo”, representado en la figura 1.2.2, y que proponen Péronnet y colaboradores por primera vez en 1987. Éstos no consideran como tal al umbral anaeróbico como un factor aislado, sino que lo consideran dentro de este concepto, que describe una caída lineal en la relación entre tiempo de competición y % VO2max sostenido. Cuanto mejor es el nivel en este índice, menor es esa caída, por tanto, mayor % de VO2max puede mantener conforme la duración de la carrera aumenta.

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Una definición de este concepto sería que “La Resistencia (o Índice de resistencia) es la reducción de la potencia relativa que puede ser mantenida cuando el tiempo total del esfuerzo es multiplicado por la constante e, base de logaritmos neperianos que vale 2,71828”. La figura 1.2.3 aclara este cálculo.

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Economía de carrera

 

Si el VO2max representa la habilidad de generar mucha energía por unidad de tiempo y el umbral anaeróbico se relaciona con mantenerse mucho tiempo a una intensidad por debajo de la anterior, la economía representa la habilidad para gastar la menor energía a una determinada velocidad, o bien ir más rápido con un determinado coste energético. Por ello, especialmente en pruebas largas, puede condicionar los otros dos aspectos.

Las mediciones del trabajo mecánico y la potencia desarrollada en la locomoción humana han valorado tanto el trabajo externo como interno, dando lugar a mediciones de la eficiencia muscular, bruta, neta, aparente, total, delta o instantánea (Cavanagh y Kram 1985). Todos los métodos tienen limitaciones y dependen de determinadas presunciones, por lo que la fiabilidad no puede ser determinada (Anderson 1996).

Por otra parte no es posible medir la potencia mecánica desarrollada en carrera, dado que el organismo no es un sólido rígido. La llamada economía de carrera es la variable utilizada para medir la relación entre velocidad y el coste energético, en VO2. Para su determinación se usan habitualmente intensidades moderadas (no cercanas a VO2max) y durante tandas de mediana duración, de unos 6 a 10 minutos (min). Los motivos son varios. De una parte se sabe que a bajas o moderadas intensidades se tiende a alcanzar un estado estable del VO2 en 3 min (Gaesser y Poole 1996), de ahí que los valores se toman a partir de ese momento y hasta el final del tiempo establecido.

Se sabe que la relación entre la velocidad y el VO2 es lineal si se realiza un esfuerzo progresivo de no mucha duración desde muy baja intensidad hasta el máximo VO2. A velocidades constantes, especialmente muy bajas, es de esperar dicho gasto acorde a la tendencia lineal descrita, observando un VO2 constante a partir de los 3’. Sin embargo, es posible que a intensidades superiores al primer umbral ventilatorio, exista un pequeño incremento progresivo del VO2, un “exceso de VO2” respecto a lo previsto, que recibe el nombre de “componente lento” del VO2, y con ello un empeoramiento de la economía (Gaesser y Poole 1996). Este concepto, que ha suscitado mucho interés en los últimos 20 años entre los investigadores, merece ser valorado en cada deportista, pues en definitiva rompe con la concepción de estados estables del VO2, y por ello puede que en algunos corredores disminuya la utilidad de determinadas recomendaciones derivadas de tests con estadíos de corta duración. Por ello otro criterio ha sido conocer primero el umbral anaeróbico de la persona o el cociente respiratorio (inferior a 1.0), si bien los investigadores no se ponen de acuerdo sobre si el inicio del componente lento sería ya en el primer umbral o el segundo.

Pero la economía puede medirse incluso a intensidades superiores al umbral anaeróbico, porque aunque el coste energético es lineal respecto a la velocidad, esto no sería extensible a intensidades en las que las fuentes anaeróbicas cobran importancia. De ahí que en mediofondistas coste energético sea distinto, pudiendo correr a altas y bajas velocidades con coste similar (Daniels y Daniels 1992, Daniels 1985), pues que compiten en velocidades que dependen tanto del VO2 max como de las fuentes anaeróbicas (Brandon y Boileau 1992, Boileau et al 1982), y poseen un perfil metabólico particular (ver intensidad metabólica y morfología atletas). Por ello la economía de carrera se muestra tremendamente específica de la velocidad (Berg 2003) y por ello algunos sugieren medirla a altas intensidades, incluso de un 95% de VO2 max, evitando un aplanamiento de la curva de economía pero acercándose así a las velocidades competitivas (Daniels y Daniels 1992).

En el caso de corredores de la larga distancia, puede que evaluar la economía a velocidad competitiva por pocos minutos no discrimine el potencial real respecto a corredores de mediofondo (Daniels y Daniels 1992) y quizá lo interesante sería medir la economía en situaciones de fatiga, pues se sabe que la economía se empeora tanto por el tiempo como por la intensidad (Sproule 1998, Xu y Montgomery 1995). Más importante aún es que en unos corredores el deterioro puede ser mayor que en otros, y que es independiente de que sean los más económicos inicialmente (Sproule 1998).

La economía de carrera fue inicialmente fue definida y valorada como el VO2 en estado estable por kilo de peso a un determinado ritmo de carrera (Pollock 1977, Mayhew 1977, Costill y Winrow 1970), y modernamente se ha definido como el VO2 por kilogramo de masa corporal por kilómetro (Bergh et al 1991).

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Esto permite comparar corredores medidos a diversas velocidades. Los corredores de elite se muestran más económicos que los de nivel inferior (Pate et al 1992). En corredores de similar nivel de VO2max, la economía se ha mostrado como determinante (Brandon 1995).

Todo esto ha quedado de manifiesto en un reciente trabajo que hemos publicado comparando la selección española de campo a través respecto a la selección subcampeona mundial, Eritrea, donde la superioridad de los africanos se manifiesta en la mejor economía de carrera (Lucía et al 2006), con algunos datos entre los mejores de la historia en cuanto a lo publicado en artículos científicos.

Di Prampero et al (1986) establecieron que la velocidad máxima (Vmax) que un corredor puede

mantener depende de la máxima potencia del corredor y el coste energético de la carrera. Lógicamente aquellos corredores que tengan menor coste energético a una determinada velocidad tienen una ventaja de cara al rendimiento.

Capacidad y potencia anaeróbicas Paralelamente, corredores mediofondistas con excepcional capacidad o potencia anaeróbica pueden compensar niveles bajos de VO2max (Brandon 1995).

A pesar de que la función aeróbica ha sido mucho más estudiada (Berg 2003), parecen existir evidencias para creer que limitaciones en el sistema muscular para producir potencia pueden limitar el rendimiento de resistencia (Paavolainen et al 2000, Paavolainen et al 1999a, Noakes 1988, Bulbulian et al 1986) especialmente los que controlan el grado y fuerza de la actividad del ciclo miofibrilar de los puentes cruzados, que incluye la actividad de la ATPasa y la cantidad de calcio ligado por la troponina C durante la contracción (Green y Patla 1992).

En este sentido, sin embargo, estos aspectos se han estudiado en menor medida. El motivo puede estar en parte razonado porque las fuentes energéticas anaeróbicas tienen sin embargo mucho mayores dificultades para su medición y prescripción de intensidades. Esta es más importante en pruebas de mediofondo de larga duración, permitiendo competir a mayores velocidades durante pruebas más largas (Brandon 1995, Di Prampero et al 1993, McKinzie et al 1982, Katch y Weltman 1979). Pero la realidad es que, al margen de la potencia aeróbica y de la predominante contribución aeróbica de las pruebas de mediofondo y fondo, la  contribución anaeróbica contribuye a determinar el rendimiento (Spencer et al 1996, Lacour et al 1990a), habiéndose hallado correlaciones entre el lactato post-competición y el rendimiento (Lacour et al 1990b) e incluso señalándose, en otros deportistas, como el factor clave para discriminar el rendimiento en esfuerzos de alrededor de 2 minutos (Foster et al 2003).

Incluso en las pruebas de campo a través se ha indicado que a igualdad de prestaciones aeróbicas entre los corredores que forman un mismo grupo en carrera, el margen para la victoria corresponderá a aquél con una mejor prestación del sistema anaeróbico (si aeróbicamente están igualados) (Bulbulian et al 1986). Un método reconocido es evaluar el llamado máximo déficit de oxígeno acumulado (DMAO o MAOD, en inglés) originalmente desarrollado por MedbØ et al (1988). Para ello se necesita de nuevo medir el VO2La figura 1.2.5 muestra paso a paso estos cálculos.

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Se trata de medir cuánto oxígeno haría falta para ejercitarse a un % superior al de la Potencia Aeróbica Máxima. Debe durar alrededor de 2 min (Green y Dawson 1993), pues de lo contrario la cantidad de ATP suministrada por el metabolismo anaeróbico puede no ser máxima. Así, la velocidad será entre el 110 y el 120% de la VAM (Billat 2002). Por ejemplo, imaginemos que queremos calcularlo al 120% de la Velocidad Aeróbica Máxima de carrera (ver figura 1.2.5). Se calcula por regla de 3 el VO2 necesario, y luego se va midiendo el VO2 real cada cierto lapso de tiempo, por ejemplo, cada 10 o 15s. Entonces se restan las necesidades del consumo real, en cifras totales durante el tiempo total (Billat 2002). Cuanto mayor es la diferencia mayor es el DMAO. También se puede calcular por regresión el VO2 / Velocidad, algo que puede hacerse desde intensidades incluso inferiores al umbral de 4 mMolVL-1 de lactato (Reis et al 2005).

También se ha recalcado la importancia del entrenamiento de fuerza (Jung et al 2003). Dado que la fuerza como tal no se indica como directo factor determinante del rendimiento, habrá que buscar si su desarrollo puede influir a su vez en la mejora de alguno de estos factores. Así mismo, habrá que identificar qué manifestación/es de la fuerza son responsables de dichas mejoras y de qué manera controlar su entrenamiento.

Muchos estudios sobre el efecto del entrenamiento de la fuerza en deportistas de resistencia se han orientado a buscar modificaciones de dichos factores fruto de la inclusión de entrenamientos de fuerza. Estos trabajos pueden encontrarse en la literatura científica occidental desde los años ochenta, si bien trabajos previos se realizaron ya en los países bajo influencia soviética desde una quincena de años antes.

Sintetizando los resultados de dichos trabajos, parece que en los dos primeros factores (VO2max y Umbral Anaeróbico) no hay mejora, salvo en corredores de bajo nivel (Kaikkonen et al 2000, McCarthy et al 1995, Haennel et al 1989, Stone et al 1983, Gettman et al 1982, Gettman et al 1978) mientras que en deportistas entrenados como corredores, ciclistas o esquiadores de fondo, el estímulo se ha mostrado insuficiente (Paavolainen et al 1999a, Nicholson y Sleivert 1999, Johnston et al 1997, Paavolainen et al 1991, Hickson et al 1988).

Por ello, pese a que se ha sugerido la transferencia de las mejoras neuromusculares al rendimiento de resistencia (Paavolainen 1999a), hay que tomar con cautela el concepto de que el entrenamiento de fuerza tenga el potencial de propiciar las mejoras anaeróbicas que puede requerir el rendimiento en resistencia, pues parece que dichas mejoras lo que propician son habitualmente mejoras de la economía (Jung 2003).

Un motivo podría ser la mayor fortaleza de las fibras rápidas, al ser reclutadas en las intensidades superiores en las pruebas incrementales (Tanaka y Swensen 1998) por una fatiga más retardada de las fibras lentas. Esta economía es un factor en el que sí se han hallado mejoras, tanto en corredores y corredoras (Saunders et al 2004b, Spurrs et al 2003, Braun et al 2000, Turner et al 1999, Johnston et al 1997) Braun et al (2000) sólo hallaron mejoras a bajas intensidades y no a altas, con corredores.

Para explicar las mejoras en la economía se han sugerido básicamente dos mecanismos, uno en relación a mejoras nerviosas de la fuerza y otro en relación a mejoras de la rigidez músculo-tendinosa. Es pues importante destacar que las mejoras no se han visto causadas por cambios en la cinética del VO2, aunque solo dos trabajos hasta la fecha parecen haber estudiado dichos aspectos (Millet et al 2002, Womack et al 2000). Al respecto del primer grupo de mecanismos, se entiende que la mejora de la fuerza máxima supondría en definitiva una menor solicitación al sistema muscular. Se ha sugerido que sería un menor número de fibras las que deberían activarse al pasar éstas a ser másfuertes (Tanaka y Swensen 1989), más coordinadas (Hoff et al 1999), o que al reducirse el % de fuerza máxima solicitado para un mismo nivel de tensión requerido, pasarían a participar más fibras lentas, más eficientes en cuanto al consumo aeróbico (Millet et al 2002).

En cuanto al segundo mecanismo propuesto, la mejora de la rigidez músculo-tendinosa llamada “stiffness”), ésta sí ha sido medida en el caso de Millet y colaboradores (2002) obteniéndose mejoras de un 3%, y ha sido sugerida en diversos trabajos como mecanismo probable de especial importancia en la carrera (Saunders et al 2004, Jung 2003, Paavolainen et al 1999a).

Durante la acción de carrera, el sistema nervioso central coordina las acciones de los músculos en la pierna de apoyo junto con tendones y ligamentos, de modo que todo el conjunto se comporta de forma similar a un muelle con una masa. Los tensores son los músculos y los muelles propiamente serían los tendones, y la rigidez de ese sistema se conoce como stiffness”. En la carrera de fondo, esa capacidad de rigidizar el miembro inferior en el momento del apoyo conferiría una ventaja mecánica, traducida en ahorro energético (Novacheck 1998).

Consideraciones generales

 

En los inicios de la fisiología del ejercicio la atención se centró en los aspectos relacionados con el aporte y consumo de O2 (Noakes 1988) y hasta ahora la función aeróbica ha sido mucho más estudiada (Berg 2003). Diversos autores reclaman desde finales de los años ochenta más atención a los factores relacionados con la contractilidad muscular, pues pueden resultar, como ya se indicó, limitantes del rendimiento (Paavolainen et al 2000, Paavolainen et al 1999a, Green y Patla 1992, Noakes et al 1988).

En definitiva, estos cuatro factores constituyen en última instancia los determinantes del rendimiento. Todos los demás factores que se puedan atribuir deben permitir optimizar alguno de los indicados. Y aunque se ha indicado que son independientes, interaccionan para producir un rendimiento. Esto se observa por ejemplo en la velocidad mínima que solicita el VO2max (conocida como VAM). Ésta representa un compendio entre VO2max y economía (Daniels y Daniels 1992). El tiempo límite a esa velocidad depende de una buena capacidad anaeróbica y factores neuromusculares (Billat 2002, Paavolainen et al 2000, Noakes 1988) pero en corredores con igual VO2max también depende mucho de su umbral anaeróbico (Billat et al 1994). En este ejemplo vemos pues una interacción de los cuatro factores tanto en la habilidad para desarrollar una alta VAM como para mantenerla.

Pero también se ha indicado que la importancia de estos factores es relativa en cada prueba, hasta el punto de que en las pruebas por encima de 10kms la capacidad anaeróbica ya no es relevante para la marca personal (puede que sí para una prueba táctica). Sin embargo, para pruebas cortas (del 5000 hacia menos distancia), la capacidad anaeróbica es determinante, y por el contrario el % de VO2max mantenido no lo sería (Péronnet et al 2001). Posiblemente la economía medida a intensidades medias o bajas tampoco (Daniels y Daniels 1992).

Por ello, una cuestión de gran importancia, habida cuenta de los diversos perfiles fisiológicos de los corredores, es saber si los niveles excepcionales para más de un factor son mutuamente exclusivos (Joyner 1991) o hasta qué punto en cada prueba es preciso un mínimo o es posible seguir mejorando ciertos niveles.

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JONATHAN ESTEVEZ LANAO - Doctorado en actividad física y salud.