El otro día, hablando con un corredor - Luis 56 años - quien me hacía una pregunta por whatsapp, me lanzó una pregunta muy sencilla:
“¿Cómo tengo que entrenar ahora?”
Y la realidad es que esa pregunta es mucho más importante de lo que parece, porque llega un momento en el que ya no se trata de mejorar marcas, ni de bajar de tiempo, ni de ganar a nadie.
Se trata de algo mucho más básico: seguir corriendo bien… y seguir corriendo.
Hay algo que veo constantemente en corredores veteranos.
No fallan por la edad.
Fallan por cómo entrenan.
El cuerpo cambia, eso es evidente. Recuperas más lento, aparecen molestias donde antes no había nada, pierdes algo de chispa, algo de fuerza… todo eso es normal.
Lo que ya no es tan normal es seguir haciendo lo mismo que hacías con 30 años.
Ahí es donde empiezan los problemas.
Gente metiendo dos y tres días de calidad a la semana. Rodajes que deberían ser suaves… y no lo son. Fines de semana donde se mezcla todo: series, tirada larga, competición…
Y luego vienen las molestias. O el estancamiento. O las dos cosas.
Entrenar bien con 50 años no es entrenar más. Es colocar bien las piezas.
Tiene que haber fuerza. Siempre.
Tiene que haber algo de calidad, pero bien medida.
Tiene que haber rodajes suaves de verdad.
Y tiene que haber descanso.
Y sobre todo, tiene que haber algo que muchos olvidan:
margen para asimilar.
Porque si no asimilas, no mejoras.
Sobre el famoso “declive”… Sí, existe. Pero no como se suele contar.
Una persona sedentaria pierde bastante capacidad con los años. Una persona activa, bastante menos. Y alguien que entrena bien… pierde muy poco.
No es la edad lo que te limita.
Es cómo entrenas con esa edad.
Luego está la parte de competir. Saber competir no es solo estar en forma.
Es saber leer lo que está pasando.
Es saber cuándo apretar y cuándo no.
Es aceptar lo que hay ese día.
Porque el rendimiento no siempre depende de lo que has entrenado.
Depende de lo que haces con lo que tienes ese día.
Los vatios de mi FTP no me definen como deportista.
Quien soy y cómo me comporto ante aquellos que son mejores que yo me definen como tal.
Mi pregunta de rigor…
¿He disfrutado? ¿Estoy contento, orgulloso?
Simplemente ha bastado el propósito de querer cruzar esta meta.
No te dejes engañar con mensajes como:
“persigue tus sueños”, “persigue lo que quieres”, “persíguelo hasta que lo consigas”, “conviértete en la persona que necesitas ser para lograr aquello que quieres”
En este contexto, muchas veces son una trampa.
Porque te empujan a ignorar el cuerpo, a no respetar la fatiga, a entrenar más de la cuenta, y eso, con los años, se paga.
Saber competir no sólo depende de tu condición física ni de tu confianza.
Obtener tu máximo rendimiento en competición no es tarea fácil. Tienes que hacer una lectura correcta de lo que sucede en carrera. Por supuesto, hay que tomar decisiones y elegir la correcta… es lo que marca la diferencia.
Después de muchos años corriendo, la cosa se simplifica bastante.
No corres para demostrar nada.
No corres para impresionar a nadie.
Corres porque quieres seguir haciéndolo.
Y al final todo se resume en esto:
¿Ha merecido la pena?
Si la respuesta es sí, vas por el buen camino.
Entrena con cabeza.
Ajusta lo que haces a lo que eres ahora, no a lo que fuiste.
Y no pierdas lo importante:
seguir teniendo ganas de ponerte las zapatillas y salir.
Juan A. Morenno
Entrenador Nacional de Atletismo
www.trainerweb.net
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