En la personalidad de cada cual existe un lado competitivo, tanto si somos conscientes de ello como si no. La competición ofrece desafíos y resulta emocionante. La competición puede resultar agradable y reconfortante, pero también frustrante y contraproducente. Nos gusta entrenarnos para las carreras y a su vez, le estamos pidiendo a nuestra mente que empuje a nuestro cuerpo que poco a poco está envejeciendo de forma progresiva.