Cuando aparece una lesión o una molestia que limita el entrenamiento, una de las primeras preguntas que se hace un corredor es muy sencilla: ¿tengo que dejar de entrenar?
La respuesta no debería ser siempre sí ni siempre no. Dependerá del problema, de su gravedad, de cómo responda el deportista a la carga y, sobre todo, de la valoración del profesional sanitario cuando existe una lesión que necesita diagnóstico o tratamiento.
Como entrenador, mi función no es diagnosticar una lesión ni sustituir el trabajo de un médico o un fisioterapeuta. Mi responsabilidad es otra: organizar y adaptar el entrenamiento dentro de los límites que permita la situación del deportista.
Una lesión no siempre significa detener toda la actividad
Cuando un corredor tiene que reducir o suspender temporalmente la carrera, el objetivo no debería ser mantener a cualquier precio el entrenamiento que estaba realizando. Primero debemos saber qué actividades son compatibles con su situación y cuáles pueden empeorarla.
En determinados casos será necesario descansar de la carrera durante un tiempo. En otros, puede ser posible mantener parte del trabajo mediante actividades alternativas o modificando el volumen, la intensidad, la superficie o el tipo de estímulo.
Por eso no utilizo una regla universal del tipo “entrena al 50 %” o “deja de correr durante una semana”. La carga debe responder a la situación concreta del deportista y a la respuesta que observamos ante ella.
Importante: si existe dolor persistente, empeoramiento de los síntomas, pérdida de función o una lesión que no ha sido valorada, el primer paso no es modificar el entrenamiento por nuestra cuenta, sino buscar la valoración del profesional sanitario correspondiente.
¿Qué puede hacer un entrenador durante una lesión?
Una vez conocemos las limitaciones del deportista, el entrenamiento puede cambiar. Quizá desaparezcan temporalmente las sesiones de velocidad, se reduzca el impacto, se modifique el volumen de carrera o se introduzcan otras formas de trabajo que permitan mantener determinadas capacidades.
En este proceso, la percepción del esfuerzo, las sensaciones del deportista y la respuesta que presenta durante y después de las sesiones pueden aportar información útil para ajustar la carga. Pero estos datos sirven para tomar decisiones sobre el entrenamiento, no para establecer un diagnóstico médico.
La investigación sobre rehabilitación deportiva también apunta hacia una progresión individualizada, utilizando síntomas, capacidad y respuesta a las cargas anteriores para decidir cuándo avanzar. No existe una única progresión válida para todas las lesiones. :contentReference[oaicite:1]{index=1}
Mantener la condición física cuando no podemos correr
Una de las preocupaciones habituales del corredor lesionado es perder todo lo conseguido durante los meses anteriores. En realidad, la estrategia puede ser diferente: mantener aquello que sea posible mientras recuperamos progresivamente la capacidad para correr.
Dependiendo de la lesión y de las indicaciones recibidas, pueden utilizarse actividades alternativas como bicicleta, elíptica, trabajo en agua o determinados ejercicios de fuerza. La elección no debe hacerse porque una actividad sea “mejor” en términos generales, sino porque sea compatible con la situación concreta del deportista.
El objetivo tampoco es llenar con ejercicios todos los huecos que deja la carrera. Cuando existe una lesión, hacer más no significa necesariamente recuperar antes. La carga complementaria también debe estar controlada.
La fuerza puede formar parte de la estrategia
El entrenamiento de fuerza puede desempeñar un papel importante dentro de un proceso de recuperación, siempre que los ejercicios, la carga y el momento de introducirlos sean adecuados para la situación del deportista.
Desde el punto de vista del entrenador, la fuerza también permite trabajar capacidades que pueden ser necesarias para volver posteriormente a correr, pero no debería utilizarse como sustituto de una rehabilitación clínica cuando esta sea necesaria.
En función del caso, pueden modificarse ejercicios, amplitudes, velocidades, cargas y volumen para encontrar un estímulo que el deportista pueda tolerar. La progresión debe producirse a medida que aumenta su capacidad, no simplemente porque haya transcurrido determinado número de días.
Si quieres profundizar en el papel de la fuerza dentro del entrenamiento del corredor, puedes consultar también Las ventajas del entrenamiento de fuerza para corredores.
Volver a correr no es simplemente volver a correr
Uno de los errores más frecuentes después de una lesión es pensar que, cuando desaparece la molestia, podemos recuperar inmediatamente el entrenamiento que hacíamos antes.
La vuelta a la carrera debe tener en cuenta la capacidad que ha recuperado el deportista y las exigencias que tendrá que soportar posteriormente. No es lo mismo trotar durante unos minutos que estar preparado para realizar series, desniveles, cambios de ritmo o una competición.
Por eso prefiero entender el regreso como un proceso progresivo: primero recuperamos la tolerancia a la carrera y después vamos incorporando poco a poco las demandas específicas que tendrá el entrenamiento habitual.
La carga de entrenamiento también forma parte del problema
Una lesión no aparece necesariamente por una única causa. La carga de entrenamiento, los cambios bruscos de volumen o intensidad, la recuperación, el historial de lesiones y otros factores pueden interactuar entre sí.
Por eso, cuando un corredor vuelve a entrenar después de una lesión, no me interesa únicamente saber cuánto puede correr hoy. También necesito valorar qué carga ha soportado recientemente y cómo está respondiendo a ella.
La planificación y el control de la carga son especialmente importantes para evitar que la vuelta al entrenamiento se convierta en una nueva acumulación de fatiga o en una progresión demasiado rápida. Si quieres profundizar en este aspecto, puedes consultar Planificar y controlar el entrenamiento: claves para prevenir lesiones.
¿Qué hago como entrenador cuando un corredor se lesiona?
Mi planteamiento parte de una idea sencilla: no intentar mantener el entrenamiento original a cualquier precio. Primero hay que conocer la situación y, cuando sea necesario, contar con la valoración del profesional sanitario correspondiente.
A partir de ahí puedo adaptar la planificación, controlar la carga, modificar los contenidos y buscar alternativas que permitan conservar determinadas capacidades mientras el deportista progresa hacia la vuelta a la carrera.
También es importante reconocer los límites de mi profesión. No soy médico ni fisioterapeuta y no pretendo diagnosticar ni tratar una lesión. Mi trabajo comienza en el ámbito del entrenamiento: organizar las cargas y adaptar el proceso deportivo a la situación del atleta.
Entrenar con una lesión requiere más control, no menos
Cuando un deportista está lesionado, el entrenamiento deja de consistir simplemente en completar las sesiones previstas. Hay que observar la respuesta, ajustar las cargas y saber cuándo avanzar y cuándo reducir.
Una buena planificación durante este periodo no pretende acelerar artificialmente la recuperación. Pretende evitar perder más de lo necesario, mantener las capacidades que sea posible mantener y acompañar de forma progresiva la vuelta al entrenamiento habitual.
¿Estás lesionado y no sabes cómo adaptar tu entrenamiento?
Si tienes un diagnóstico o las indicaciones de un profesional sanitario y necesitas saber cómo encajar el entrenamiento durante el proceso, puedo ayudarte a organizar la carga, mantener las capacidades que sea posible trabajar y planificar progresivamente la vuelta a la carrera.
El objetivo no es entrenar más ni ignorar las molestias. Es entrenar con criterio dentro de lo que tu situación permite.
Si además quieres revisar otros aspectos relacionados con la técnica de carrera, puedes consultar Errores técnicos comunes en corredores.
J.A. Moreno
Entrenador de Running y Trail | Preparador Físico